*Recuperé al tío Carlos* .
Charly, como le decía mi hermana Mecha, era el cuarto hermano de mi viejo, de espíritu aniñado, alegre y aventurero. Físicamente muy parecido a Don Ramón, inició a Mecha en el atletismo, específicamente en el triatlón. Me acuerdo que siempre le recalcaba a mi hermana la pasta que ella tenía para hacerse de buenas performances en esas prácticas. Yo sin decirlo siempre me embroncaba porque la familia De Santis, vecina del barrio, tenía buenas competidoras que se ganaban los primeros puestos. Creo que mi hermana nunca se hizo mucho problema por eso.
En fin, en constante movimiento Charly fue un tipo que siempre que lo vi me transmitió cariño y la importancia de tener la rienda/la vida un poco suelta, con la posibilidad del error o del fracaso siempre ahí, como sabiendo que inexorablemente las cosas en la vida vienen hilvanadas a cuestiones que tienen que ver con mandarse cagadas. Se movía como pidiendo permiso pero hacía lo que quería (ese rasgo lo comparte con mi viejo).
Días atrás pedaleábamos hacia Gaiman y nos encontramos con Carlos, atleta y ciclista de toda la vida, un tipo cálido, estusiasta y con un sentido del humor afilado. Charlamos mientras pedaleamos y nos invitó a su casa así sin más. Compartimos tres días en los que ofició de guía de turismo y tío buena onda que recibe con total generosidad y entrega a sus sobrinos perdidos. Me costó despedirme de Carlos porque en esos días pude trazar algunos parecidos entre mi tío Charly y este nuevo tío de Trelew que podría resumir como la disponibilidad para estar siempre en el camino.

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