21 de enero de 2024
Hoy escribo en la costa del lago Llanquihue.
Un lago con ínfulas de mar, de fondo suenan las olas romper contra la playa de
canto rodado y arena negra gruesa. Es domingo, estamos en una especie de
camping libre, creemos que de alguna universidad. Nos metimos y otros
acampantes nos dijeron que podíamos acampar, que era gratis, así que nos
instalamos en un sector alejado y tranquilo y, por las dudas, no levantamos
mucho la perdiz. EL sol se está poniendo tras el lago. El sol se hunde en el
pacífico. Hoy nos observó todo el día el volcán Osorno. Impávido,
majestuoso, indiferente a nuestra
presencia. Pedaleando a su vista, con rumbo a su masa colosal, confirmaba y me
alegraba en el pensamiento de qué poca cosas que somos, qué efímeros, frente a
su presencia.
Hoy la ruta el camino fue amable, tuvimos
un comienzo con mucho viento en contra. Por momentos avanzábamos, con esfuerzo,
a la velocidad a la que una persona camina. Hubieron algunas subidas y bajadas
pero no demasiadas. Nada comparado con atravesar los Andes. Luego la ruta giró
y el viento, siempre presente, nos empezó a pegar de través, por estribor. La
pedaleada fue más amable, más veloz, y al rato llegamos a las costas de un
lago. Hicimos una parada para comer una empanada de carne, en un puestito en el
campo, y una segunda parada sobre el lago, en la ciudad de Cascadas, para
almorzar unos fideos que con verduras que habíamos preparado en el desayuno.
Algo hermoso de esta vida a la intemperie es que cada comida es una fiesta del
cuerpo. Comida, mi plato favorito, decía Fito en alguna canción.
Después de pedalear unos 60 kilómetros, más
o menos, empezamos a buscar lugar para acampar. Probamos varias bajadas al lago
pero todas conducían a portones con el siempre presente “propiedad privada,
prohibido pasar”. Y en el lugar menos esperado, en un sector bastante
urbanizado, vinimos a dar con este lugar. Es un muy buen lugar. El sol se está
sumergiendo sobre el lago y todavía no nos echaron. Así que suponemos que vamos
a dormir acá.
Uno hace sus planes, parece ser un acto
reflejo en este bicho que llamamos ser humano. Pero el camino se ocupa de
desbaratar los planes, de acomodarlos, de trastocarlos. Lo más inteligente
parece ser ir disponibles, abiertos a lo que el camino proponga. Como
principiantes, aprendices que leen la situación y piensan y prueban modos de
vivir en ella.
Que genial, que su bici navegue, cumpa, lo sorprendió una racha x estribor!!!! Muy bueno
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