Jaime Gallardo, carpintero de ribera, hacedor de lanchas chilotas

 

Jaime Gallardo, carpintero de ribera, hacedor de lanchas chilotas

 

Pedaleando en la costa del Pacífico, bordeando los fiordos y las caletas de este sur de Chile, nos topamos con un cartelito prometedor sobre la ruta: Museo y taller de lanchas chilotas. Nos miramos un instante y nos mandamos para adentro. En una zona rural, se veían un par de casitas sobre la costa, algunos containers, una embarcación a vela varada en una playa y un tinglado con armazones a medio hacer de embarcaciones de madera. Desensillamos de las bicis y, mientras estamos curioseando fascinados las lanchas a medio hacer, aparece un hombre con gesto amable: Jaime Gallardo, carpintero de ribera, hacedor de lanchas chilotas. La lancha chilota es una embarcación tradicional de esta zona, los canales del sur de Chile. Es una embarcación forjada por su ambiente, como todas las embarcaciones tradicionales: tecnología, arte, diseño para habitar una zona específica de agua. La lancha chilota tiene un casco mangudo, la manga casi es la mitad de la eslora. Tiene poco calado, con una quilla fuerte, para varar en las playas de piedra y dos semiquillas en las bandas que se llaman guardaplayas y permiten que el casco no sufra al recostarse sobre un lado en las bajamares. El casco tiene mucho francobordo y la cubierta es despejada, casi sin cabina o caseta que sobresalga. No tiene cockpit, sino que se timonea desde la cubierta. Tiene un timón colgante, protegido por la quilla, que corre desde la proa hasta la popa y termina en una suerte de skeg. Es impulsada a vela, con un solo mástil, fuerte y más bien petiso, que porta una vela mayor y un foque. El interior, la bodega, es amplio, un ambiente único, con un caldero central para hacer fuego y mucho espacio para carga y que la tripulación se proteja de las inclemencias de estos parajes. Cuando no hay viento, son impulsadas con unos remos largo, que se usan o de modo tradicional en las bandas o en la popa para singar. Jaime nos cuenta que heredó el oficio y que ama el trabajo de taller. Nos enseña cómo comenzar a plantear la quilla y las primeras cuadernas. Dice que él lo tiene todo en la cabeza, a veces hace algún plano rústico pero que no lo necesita. Estas lanchas que está haciendo son para un museo, financiado por algún empresario chileno. Jaime lamenta que estas embarcaciones ya no se usen más en estas aguas infestadas de salmoneras. Dice que él quiere mantener la tradición, la llama viva de este hacer. Algún día vamos a construir un velero inspirados en estas líneas. Algún día vamos a navegar estas aguas a vela. Jaime mantiene algo vivo. ¿Qué es una tradición? ¿Cómo salvar haceres, palabras y gestos esenciales de esta aplanadora uniformizante que llamamos progreso? Con estas preguntas e imágenes de fiordos y canales y lanchas veleras montamos las bicis y seguimos pedaleando.

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