20 de enero de 2024
¿Cómo se escribe la belleza del camino cuando es tanta que no entra en el cuerpo?
¿Cómo escribir el deslizamiento de la bicicleta en una ruta suave que se
percibe con las manos, con los pies, con el cuerpo todo? ¿Cómo escribir la extrañeza
de estar en un nuevo territorio, expectante, aprendices, tanteando la vida
hasta, de pronto, encontrar árboles con cerezas a punto? ¿Cómo se escribe el
sabor de la cereza recién cosechada cuando uno viene con hambre y cansancio de
subir cuestas con una bicicleta súper cargada? ¿Cómo escribir el sentimiento
que se expande por el cuerpo cuando, con la última luz, nos guardamos dentro de
la carpa en un paraje desconocido, junto a un río que canta, con cierta
incertidumbre y al mismo tiempo confianza? ¿Cómo escribir esas cosas, esos
movimientos del cuerpo?
Venimos adaptándonos a un ritmo de viaje
largo. Cruzamos los andes por el paso Cardenal Samoré. EL camino es precioso.
La ruta está un poco cargada para nuestro gusto, pero nada muy grave. En la
aduana chilena no nos sacaron ni la masa madre, ni las semillas, así que
seguimos haciendo nuestros panes y nuestros fermentos en el camino. En el
camino suceden cosas inesperadas todo el tiempo, de eso se trata esto: de estar
atentos, alertas y disponibles a lo que sucede. Como si fuéramos en un velero
leyendo el viento. Vamos en nuestras bicicletas leyendo el camino. No
planificamos mucho a dónde llegar cada día, ni dónde dormir. Vamos encontrando
buenos sitios en los que estar. Ahora estamos a orillas del lago Rupanco, en la
intersección con un río, el Desaguadero del Rupanco, de fondo hay unos volcanes
nevados que aún no tienen nombre para nosotros. La ruta está alejada así que
casi no se oyen los autos. Nos bañamos en el río, lavamos ropa, hicimos un
fuego y tomamos unos mates con fruta y huevos revueltos. Estamos muy bien. Yo
me siento a escribir, escribo preguntas y me voy disponiendo a dormir. Mañana
será otro día, vendrá con sus sorpresas, sus bellezas, sus incertidumbres, sus
cuestas arriba y sus encuentros. Pero eso es mañana. Hoy es de noche ya, cierro
la computadora y me acuesto a que el canto del río me lave los pensamientos.
Comentarios
Publicar un comentario