18 de enero de 2023, Paso Cardenal Samoré
Escribo sentado dentro de la carpa. Estamos
acampando junto a una laguna, en un bosque de árboles añosos. La gente que
había venido a la laguna ya se fue. Quedamos nosotros y un cisne de cuello
negro, y al menos un pato, y pájaros que se dejan escuchar y algunos otros
bichos que, por su sonido, no reconocemos. De fondo, a lo lejos se escucha un
motor, suponemos que un grupo electrógeno. De vez en cuando el ruido de algún
vehículo que pasa por la ruta.
Empezamos a viajar hace dos o tres días.
Tan poco tiempo. Y sin embargo ya estamos entrando en un ritmo de viaje, de
vida de viaje. Viajar así, sin tiempo, sin fecha de vuelta, sin mucho destino,
más que una dirección un poco vaga –vamos a Ushuaia por Chile, después vamos a
recorrer la ruta 40 hacia el norte, si no nos subimos a un velero en el sur,
implica inventarnos un modo de viajar, o sea, un modo de vivir.
Ayer, mientras pedaleaba iba pensando
cosas. Debería poder escribir mientras pedaleo, y no acá metido en esta carpa.
No tuve mucho tiempo para escribir estos días, entre pedalear, buscar lugar
para acampar, cocinar, armar las carpas, bajar y subir bártulos de la
bicicleta, el día se va yendo. El día se va viviendo. Si pudiera escribir
mientras pedaleo escribiría muchas cosas. Demasiadas quizás. Mejor usar este
tiempo escaso, que afila la escritura. Pero decía que mientras pedaleaba
pensaba, me preguntaba, porqué viajamos. Me gusta esa pregunta, porqué
viajamos. Y me lleva a otra pregunta: ¿cuándo comienza un viaje? Algo que me
voy diciendo es que viajamos para recordar que estamos de viaje. Que estamos en
camino. Carmen dice que viajamos para reencontrar la alegría. Y el sentido.
Cuántas veces, en el medio de tareas cotidianas, laborales, grises,
acostumbradas, nos imaginamos viajando. Hoy, mientras acomodaba una de las
alforjas que hicimos, recordaba cuando iba a trabajar en a la escuela en la
lancha colectiva cosiéndolas e imaginando rutas y paisajes. ¿Cuándo comienza un
viaje? ¿No viajamos desde el momento en que recordamos que todo lugar, incluso
el acostumbrado, es un refugio provisorio? Nosotros necesitamos salir en
bicicleta para recordarlo. Pedaleamos con estas preguntas en el cuerpo.
Llegamos a Bariloche en colectivo. El viaje
fue bastante largo. El micro paró en muchísimos pueblos. Llegamos un poco
cansados, pero con buen ánimo. Nos fuimos a retirar las bicicletas que habíamos
enviado por encomienda. El trámite de retirarlas, sacarlas de las cajas,
armarlas y cargarlas fue bastante ágil. A eso de las cinco y media o seis de la
tarde comenzamos a pedalear. Salimos de Bariloche hacia el norte. El único plan
era alejarnos lo suficiente para encontrar un lugarcito en el que tirar la carpa
tranquilos y pasar la noche. Hicimos algo así como quince o veinte kilómetros y
encontramos un lugar. Estaba bastante cerca de la ruta pero era lindo. Pasaron
un par de pobladores en auto por la tarde, pero la noche fue muy serena.
Cocinamos una cena rápida. La comimos mirando el juego de luces sobre las
montañas, el Nahuel Huapi y las luces ciudad de Bariloche a lo lejos. Fue una
buena noche. Ya estamos en la carpa. Ya estamos en casa.
Juan Gelman dice “no es para estar en casa
que hacemos una casa”. Esta casa es un refugio de lona, provisorio, nos recuerda
tu sentencia Juan. Para es lado vamos.
El segundo día empezamos a pedalear
temprano, a eso de las 8. Esta ruta es hermosa. El clima está ideal, fresco y
con sol. Vamos subiendo y bajando cuestas. De a ratos el paisaje es boscoso, en
otros momentos hay estepa y hasta valles Cruzamos arroyos y en algún momento
empezamos a bordear un lago. Carmen va delante imponiendo el ritmo. Hace un
tiempito que no estaba pedaleando por algunos dolores en una ingle y luego por
una intervención. Yo voy detrás, muy relajado. Este ritmo es nuevo para mí. Lo
disfruto, vamos paseando, como si no hubiera que llegar a ningún lado. Como si
no tuviéramos fecha de regreso. Como si el viaje fuera esto, éste momento.
Carmen dice que le gusta esto de que la cabeza sólo esté en pedalear, comer y
dormir. Que esas sean las ocupaciones. En eso estamos. Como si inventáramos un
modo de viajar, que es un modo de vivir.
Había una vez dos maestros de la Venecia Argentina que decidieron encontrarse con su escencia real y emprendieron un viaje en el que no encontrarían un final sino un eterno comienzo ...
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